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21 de marzo, Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial: la regularización no es solo un trámite administrativo, es una lucha por la dignidad migrante.

El 21 de marzo no es una fecha cualquiera. Es el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, una jornada que nos recuerda que el racismo no es solo una actitud individual, sino un sistema que organiza quién tiene derechos y quién no.

En ese sistema, la irregularidad administrativa no es casual. Es una de sus herramientas más eficaces.

Hay palabras que se repiten tanto que corren el riesgo de vaciarse. Regularización es una de ellas.

La escuchamos en discursos políticos, en titulares, en debates institucionales… pero pocas veces se explica lo que realmente significa.

Y no, no es solo un trámite.

No es solo un papel.

No es una concesión.

Regularizar es reconocer algo que ya existe: personas que viven, trabajan, cuidan y sostienen este país pero a las que se les niega el derecho a existir plenamente.

La irregularidad también es racismo.

La irregularidad no es un error del sistema. Es una consecuencia directa de cómo está diseñado.

Un sistema que afecta, sobre todo, a personas del Sur Global.
A personas racializadas.
A territorios históricamente colonizados, explotados y subordinados.

Un sistema que permite extraer riqueza de esos territorios y, al mismo tiempo, criminalizar a quienes migran para sobrevivir.

La irregularidad funciona como un mecanismo de control:
permite tener a miles de personas trabajando sin derechos, sin protección y sin voz.

Y mientras tanto, se alimenta el discurso del miedo, del odio y de la mentira.

Se señala a las personas migrantes como problema, cuando en realidad son parte esencial de la solución.

Regularizar es eliminar una forma de discriminación estructural.

Regularizar es algo muy sencillo de entender:

Es dejar de vivir con miedo.
Es poder firmar un contrato sin esconderse.
Es acudir al médico sin temor.
Es que tus hijos e hijas crezcan sin sentirse ilegales en el lugar donde viven.

En el contexto del 21 de marzo, hay que decirlo claro:

Negar la regularización es sostener una forma de discriminación racial institucional.

Porque cuando el acceso a derechos depende del origen, del color de piel o del pasaporte, no hablamos de burocracia.
Hablamos de racismo.

Organización frente al racismo.

Desde el movimiento Regularización Ya y la Asociación Afromurcia en Movimiento no hemos esperado permiso.

Hemos construido:

  • Redes de apoyo entre personas invisibilizadas
  • Espacios políticos donde las personas migrantes hablan por sí mismas
  • Una fuerza colectiva que ha llevado esta demanda al centro del debate

Hemos puesto sobre la mesa una verdad incómoda:

Este país no funciona sin nosotras.
Pero tampoco puede seguir funcionando a costa de nuestros derechos.

Esto también va de dignidad, comunidad y vida.

Detrás de cada proceso de regularización hay historias:

Una madre que quiere estabilidad.
Un joven que quiere estudiar.
Una familia que quiere vivir sin miedo.

Esto no va solo de leyes. Va de vidas.

Y frente al racismo, frente al señalamiento y frente a quienes quieren dividirnos, respondemos con algo más fuerte:

Comunidad.

El 21 de marzo no es solo memoria, es acción.

La regularización no es el final. Es el principio.

El principio de una sociedad más justa.
Más honesta.
Más humana.

Pero no va a llegar sola.

Llega —y seguirá llegando— porque estamos organizadas.
Porque estamos empujando.
Porque ya no aceptamos vivir en los márgenes.

Regularizar no es regalar nada.

Es reconocer lo que ya es.

Somos parte de este país.
Somos presente.
Y somos futuro.

Somos Comunidad, Voz y Resistencia Negra.

Belinda Salmerón Ntutumu (Afromurcia)